El cuento del té y La Luna

El cuento del té y La Luna

Érase una vez una niña rubia con unos bonitos ojos verdes. Sarah vivía con sus padres y sus dos hermanas mayores. La casa estaba en un lugar rodeado de árboles frutales, flores con mucha vegetación, pajarillos, estanques llenos de agua con ninfas y peces de colores, en primavera las mariposas revolotean embelleciendo el jardín, Sarah a la que sus padres adoraban por su dulzura, inteligencia e inquietud, era además soñadora, alegre y generosa e irradiaba felicidad.

Como hacía una espléndida noche de verano, salió al jardín a dar un paseo antes de ir a la cama. Junto a ella se encontraba su perro, Charlie, que la seguía a todas partes. Se entretuvo observando la belleza de la Naturaleza que la rodeaba. Las copas de los árboles se mecían al aire de una ligera brisa. La magia de la luna llena se hacía sentir con intensidad. Al oír el croar de las ranas sintió curiosidad y se acercó a uno de los estanques queriendo verlas para jugar con ellas. Son tan saltarinas y alegran tanto las noches de verano... Se sentó al borde y el agua serena atrajo su atención, maravillada de lo que veía.

El cielo de la noche reflejado en el agua. Sintió la necesidad de acariciar la luna y atraparla. Paso suave su pequeña mano por la superficie del reflejo. La luna se deslizaba lentamente por el agua. Fascinada siguió mirando, elevó su mano. Tenía todo el Universo tan cerca y a la vez tan lejos. Una dulce voz que parecía salir del estanque le dijo: -“A lo largo de tu vida, Sarah, verás cuantas veces la luna y las estrellas serán tus confidentes”. La niña encantada no entendía nada, solo quería sentir la fantasía de tener la luna entre sus manos para jugar ella sola.

Sonriente la luna le dijo:

"Mi niña, nunca me podrá atrapar, sólo ver y sentir. El Universo es más generoso que el ser humano y las estrellas os recuerdan la pequeñez del hombre. ¿No has pensado en las consecuencias de tu deseo? Como satélite de la Tierra me ocupo de las mareas, del crecimiento de las plantas, del nacimiento de los niños... y ¿qué sería de las parejas de enamorados al no verme? ¿De su luna de miel? El amor se fortalece cuando me ven... Soy muy necesaria y mi rostro no puede dejar de verse y sentirse. Soy mágica y siempre me mantengo joven en mi continuo viaje de ir y venir"

De un salto, Sarah bajó del estanque y alzó al Universo sus ojos verdes de esperanza. Sonriendo entró en casa, no sin antes hacer un guiño a la luna por el buen rato que pasaron juntas. Antes de dormir cogió un libro que hablaba de las reflexiones de una tarde de té. Esto fue lo que leyó:

"Lo bueno de este mundo es que las estrellas sigan brillando cada noche, están al alcance de nuestra alma y al mirarlas sintamos que somos parte del todo".

Dedicado a nuestros queridos amigos Mercedes Pérez San Cristóbal y Harald Schütz, deseándoles una eterna luna de miel...

Gracias querida Sarah Anaïs Macias Bochatay por tu complicidad en este relato.

Las Palmas de Gran Canaria, a 23 de Julio de 2005